¡Adiós 2018, adiós!

¡Saludos, mis lectores!

Interrumpo la sesión de Final Fantasy VII que estoy disfrutando esta tarde en solitario mientras espero a que llegue la medianoche para disfrutar de buena compañía y una sencilla y tranquila despedida de año. Esta será, pues, mi última entrada del blog de 2018 y quiero recapitular con vosotros lo que este año ha sido para mí.

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En lo profesional, ha sido un año muy intenso. Empecé con la aceptación del artículo A Technique for Massive Sky View Factors in Large Cities en la importante revista International Journal of Remote Sensing, de la editorial Taylor & Francis Online. Mientras tanto, como finalmente el congreso Urban Data Modelling and Visualisation de 2017 no se celebró por falta de ponencias, mi artículo breve A rule-based approach for thermal model analysis on buildings fue archivado en mi facultad como trabajo técnico para ser recuperado y ampliado más tarde, pudiéndolo presentar en el Congreso Español de Informática Gráfica en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (centro docente que tardará muchos años en quitarse el estigma de mala fama que ciertos políticos le han dado, pero que no reparó en atención y mimo de dicho evento, para comodidad y disfrute de todos los investigadores que asistimos). Mi conferencia llevó el título A procedural approach for thermal visualization on buildings y presentaba el avanzado estado de la etapa final de mi investigación. Tras volver del congreso, al fin encontré mi ecuación para convertir la radiación de calor convectivo y radiativo en una variación de temperatura de las superficies irradiadas, poniendo punto final a la implementación y arrancando la etapa de redacción de mi manuscrito final en el que unas 120 páginas recogen el trabajo de cuatro años de profunda investigación en los variados campo de la física, la arquitectura y la computación. Dicho manuscrito fue entregado hace un mes a mis directores, a la par que trabajaba en un último artículo científico que está pendiente de corrección en otra revista importante (como en ocasiones anteriores, no puedo dar más detalles de este trabajo por cuestiones de anonimato hasta que la revista haya terminado su procedimiento de revisión y publicación). Como veis, ha sido en efecto un año muy intenso y en unas semanas defenderé al fin mi tesis doctoral, recibiendo a mis 33 años el título de Doctor en Tecnología por la Universitat de Girona.

No obstante, también ha sido un año interesante en cuanto a aficiones. Mi trabajo con los podcasts Logro desbloqueado y La Biblioteca de Tizca me ha permitido conocer a personas interesantes y muy simpáticas. Especialmente a Xabico de Conocimiento Innecesario (así como a sus compañeros, los apodados “sospechosos habituales”) y a Lewis de el archivo de Gotham. Ya os he hablado de ellos y de sus obras, pero dejo una vez más los enlaces porque me parecen unos podcasts con personalidad y con una apuesta poco habitual en la podcastfera hispanohablante. Además de iniciar estas buenas relaciones, que me han brindado compañía, consejos, ayuda e incluso una serie de divertidos programas “cross-over”, también tuvo lugar en setiembre mi Waaagh! a Warhammer World, ese viaje hasta Nottingham para visitar la sede central de Games Workshop y disfrutar dicha visita en compañía de nuevos amigos, que desde mi capítulo de eruditos oyentes de La Biblioteca de Tizca se apuntaron a la aventura. Pese a ser una visita relámpago y no poder celebrarla con el tiempo y la tranquilidad que me habrían gustado, fue un viaje provechoso que, además de brindarme estos buenos momentos y estas nuevas amistades, también me sirvió de punto y aparte para respirar un poco antes de volver a mi tarea de redacción del manuscrito.

En cuanto a juegos de mesa, ha sido un año muy irregular. Aunque volví a pintar miniaturas, me introduje al 100% por fin en Warhammer: Age of Sigmar y participé en una liga de Kill Team en setiembre jugando todas sus rondas, lo cierto es que sigo muy atrasado en mis proyectos de “hobbie” y llevo meses sin jugar una partida. Mi primer propósito para 2019 será pintar más miniaturas. Tampoco es que haya jugado mucho a otros juegos de mesa salvo una partida de Atmosfear en la noche de Halloween, alguna que otra escaramuza a Warhammer Underworlds y poco más, la verdad. Sí he ido ampliando mi colección de libros de rol y los he ido estudiando para conocer sus entresijos. Hombre Lobo: Apocalipsis, Mago, Malefic Time: Plenilunio

Y lo cierto es que la lectura ha sido mi pasatiempos más abandonado del año. Si cerré 2017 habiendo leído sólamente seis novelas, este año lo cierro habiendo leído sólo dos novelas además de una novela corta y de un libro acerca de la saga de videojuegos Silent Hill. Un pésimo ratio que espero solventar este 2019. Así que ahí va mi segundo propósito para el año próximo: leer más y, a ser posible, también libros de otras temáticas y no sólo ciencia-ficción. Cabe decir en mi defensa que también he leído algunas sagas de cómics de DC importantes como Batman: Tierra de Nadie y Injustice: Gods Among Us. Pero por supuesto, no estamos hablando del mismo esfuerzo intelectual, pese a que son muy divertidas e interesantes.

Ya saltando a los videojuegos, también ha sido un año más bien irregular. Los primeros meses del año los dediqué a sacar todos los trofeos de Darksiders y Darksiders II, jugando más tarde Dragon Ball FighterZ, retomando en primavera Assassin’s Creed Origins hasta terminarlo y luego alternando de forma desenfadada entre Guild Wars 2 y varios juegos del universo de Tom Clancy. No obstante, termino el año de forma bastante más activa y constante, sacando todos los trofeos de Batman Arkham Asylum y, mientras me tomo un respiro de Batman Arkham City, me ha dado por volver a disfrutar Final Fantasy VII, del cual espero sacar también todos los trofeos en Steam. Esperaba muy poco de este 2018 en cuanto a lanzamientos y no ha habido mucha sorpresa, más bien decepción. Tanto Monster Hunter World como Darksiders III me han dejado un sabor amargo y los he dejado aparcados, por si en otra época futura me saben mejor y les doy otra oportunidad. Lo cierto es que desde que cerré la parte de implementación de mi tesis en verano, he disfrutado de mucho más tiempo libre. Antes, cuando tenía tiempo libre ya no me quedaban fuerzas para nada mínimamente creativo o abstracto. Ahora tengo mucho más espacio en mi mente para sumergirme en todo tipo de universos desde múltiples aficiones a la vez.

También es importante señalar que por fin logré el cambio que deseaba tiempo atrás en cuanto a reservar tiempo para mí. Llevo ya medio año mirando mucho más por mí y por mi novia, en lugar de anteponer siempre los problemas de los demás. Digamos que hace dos octubres tuve un desengaño bastante gordo en cuanto a dedicar tiempo, recursos y atención a personas que me pidieron ayuda (pese a ir yo con el agua hasta la cintura con mis obligaciones) para después encontrarme que cada vez que en este delicado 2018 me he encontrado en apuros, me he tenido que valer por mí mismo porque los demás siempre están ocupados. Eso me llevó a observar que pese a que yo me encargué de problemas que no eran míos teniendo mi trabajo, una relación y un doctorado en progreso, por lo visto la gente tiene más problemas de agenda que yo con asuntos mucho menos complejos, viéndose incapacitada para estar al lado de alguien a quien consideran amigo o de proponerle un plan que pueda siquiera distraerle de sus preocupaciones una tarde cualquiera. Observado este fenómeno, se ha reforzado mi ideal de “cuando quieres hacer algo, lo haces” (algo que siempre respondo encogiéndome de hombros a quienes me preguntan de dónde saco el tiempo para todo lo que hago) y he situado mi persona y la gente importante para mí en un nivel de prioridad cero, muy por encima de mi antigua rutina habitual, dejando de escuchar y casi de oír las constantes quejas de los alrededores cada vez que algo no les sale como esperan y evitando que la gente se siga aprovechando de mí o me usen como una herramienta de diversión y solución de problemas cuando les interese para luego volver a olvidarme mientras todo les va bien. Gracias a este simple cambio, aunque difícil al principio debido al vicio mantenido durante demasiado tiempo de escuchar demasiado a la gente y preocuparme todavía más por sus problemas, no sólo he sacado tiempo para volver a dedicarlo en actividades que me gustan A MÍ, sino que también he podido poner en forma mi físico yendo al gimnasio con bastante frecuencia, he podido introducirme en aficiones nuevas como la colección y lectura de obras importantes de DC, realizar un par de viajes bastante improvisados, encontrar muchos más momentos de desconexión con mi pareja y volver a llevar un ritmo de vida y de sueño casi óptimos. Pese a mi bajada de peso, mi puesta en forma, la redacción de mi manuscrito y la celebración del éxito de mis podcasts, este cambio de actitud es quizás lo que considero el mayor logro de este año.

Respecto a lo que espero de este 2019, además de leer y pintar más, es mi reincorporación al mundo laboral por fin fuera de la jaula de mi doctorado y poder irme a vivir de forma permanente junto a mi novia y su hija en lugar de andar cada semana de aquí para allá entre tres domicilios distintos. Además de estos dos objetivos importantes, el resto es simplemente mantener mi mente enfocada en lo que me gusta y también en dar disfrute a los demás con mis obras. En cuanto a esto último, os aviso de que no tendré un ritmo de publicación tan intenso en este blog como en 2018, pues ya he cumplido el reto de una media de publicación de una entrada por semana. Seguiré escribiendo cuando me apetezca y cuando tenga cosas que me parezcan importantes o entretenidas. Como veis, mi 2018 ha sido un año de retos, esfuerzo y cambio. Y quiero que 2019 sea un año de mantener lo que he luchado por conseguir y estabilizarlo un poco. Creo que tengo todos los ingredientes y que al fin he tomado el camino correcto para terminar de convertirme en quien siempre quise ser.

Sin más, con este pensamiento positivo, os deseo a todos un feliz final de 2018 y una buena entrada a 2019.

¡Feliz año, mis lectores!