Mi experiencia con los cómics: Daredevil

¡Saludos, mis lectores!

A diferencia de mucha gente de mi generación (nací en los 80), el fenómeno de los cómics de superhéroes pasó bastante desapercibido para mí. De pequeño tuve muchos cómics de Dragon Ball, Dragon Quest… y alguno que otro de Spider-man o Batman. Pero extrañamente, me crié con tebeos locales propio de otras épocas, sobre todo Mortadelo y Filemón.

Sí pude disfrutar de series de animación que yo juzgo como buenas: Batman – The Animated Series, Spider-man, Gargoyles y Los Cuatro Fantásticos. También vi algunas que me parecen más malas, aunque de pequeño uno no tiene tanto criterio y las disfruta igual, como es el caso de Las Tortugas Ninja.

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Escena de “Almost Got ‘Im”, uno de los capítulos más famosos de Batman: The Animated Series.

Lo que más disfruté fueron las adaptaciones cinematográficas. Las películas Batman y Batman Returns de Tim Burton me obsesionaron hasta el punto que, día sí día no, dibujaba un Batmobile o un Batman en mis libretas del colegio (tan buenamente como supe, pues nunca fui buen dibujante). De igual modo, disfrutaba con los juguetes resultantes. Tuve varios muñecos articulados y vehículos de la serie de animación de Batman, así como los típicos muñecos de goma que toda la vida se han vendido en quioscos y jugueterías.

Así pues, digamos que no fui nunca un erudito del mundo de los superhéroes de cómic típicos americanos. Aunque si me preguntaban entonces, diría lo mismo que ahora: en contra de la mayoría de mis conocidos, siempre me tiró más el universo DC que el de Marvel. Esto es porque Batman me gusta y ningún personaje me ha atraído y obsesionado tanto como él. De más mayor, pude hacerme con grandes clásicos como Batman: Año Uno (de Frank Miller), El Regreso del Caballero Oscuro (también de Frank Miller) o La Broma Asesina (de Alan Moore). Estos días coqueteo con los tomos El Largo Halloween (de Jeph Loeb y Tim Sale) e incluso con los tres recopilatorios ya en castellano de Injustice.

Con esto os vengo a decir que mi cultura comiquera empieza ya en una etapa más madura de lo habitual, cuando tras ver la película Batman Begins, la cual recomiendo encarecidamente, incluso por encima de sus secuelas, comienzo a interesarme por el auténtico origen del Caballero Oscuro y sus historias a lo largo de los años. Hoy en día, es fácil encontrar listas de recomendaciones sobre qué obras se consideran “sagradas” e indispensables en toda colección, tanto para neófitos como para fanáticos. Algunas de ellas ya cuentan con versión animada, y con bastante calidad por cierto, como es el caso de las dos que muestro en la anterior imagen.

Así pues, lo poco que supe de Marvel fue a través de gente que comentaba a mi alrededor cuál era su mutante favorito. Era frecuente en la Norma Comics o en la Llibreria 22 (u hoy en día en Freakshow Store) de Girona oír debates de fans al más puro estilo The Big Bang Theory. También, aunque parezca una tontería, aprendí algunas cosas en las viñetas de Cels Piñol de Fan Letal y Fan con Nata. Y a través de videojuegos como Marvel Nemesis: Rise of the Imperfects (juego de lucha divertidísimo, por cierto, pese a ser poco conocido). Y sería aquí, junto con las películas de la FOX sobre los X-Men, donde realmente empezaría a conocer mejor este universo. No tengo en cuenta la trilogía de Spider-man de Sam Raimi porque no es que sea muy fiel al cómic.

Sería en este videojuego dónde aprendería cosas acerca de Daredevil, cuya adaptación cinematográfica siempre ha sido un chiste en boca de todos aunque a mí no me parece que desentone demasiado en comparación con las demás películas “comiqueras” de la época, la verdad. A nivel jugable, en Marvel Nemesis: Rise of the Imperfects me parecía una mezcla perfecta entre Batman y Spider-man. Ya veis qué poca cultura tenía todavía a mis veinte años sobre cómics. Bien, tras este largo preámbulo, voy a seguir hablando sólo sobre Daredevil. En futuras entradas del blog ya os hablaré de otros personajes o cómics que me encontrase por el camino y me resultasen interesantes.

Por dar un mínimo de información útil, Daredevil es el alias de Matthew Michael “Matt” Murdock, un personaje de Marvel Comics creado por Stan Lee y Bill Everet durante los años 60. Por estos lares, en un alarde de estupidez, la editorial Vértice lo tradujo como Dan Defensor para aprovechar las siglas “DD” que el personaje lucía en el traje. Hoy en día, por suerte, se usa su nombre original en inglés, aunque a veces acompañado del sobrenombre “El hombre sin miedo” (del mismo modo en que muchas veces “El asombroso hombre araña” acompaña a los títulos de Spider-man). Voy a obviar la primera versión del personaje, que vestía un traje amarillo y negro, y voy a ir directamente a la que me interesa: la versión más oscura y que viste traje rojo. La que la mayoría conocemos hoy, vamos. Y es que Daredevil, al igual que Batman, experimentó un cambio durante los 80 que lo convirtió en un personaje mucho más oscuro y de culto (Frank Miller es lo que tiene), dirigiéndose sus historias a un público más adulto. No obstante, Daredevil siempre ha sido uno de los personajes más populares de Marvel, aunque no se haya explotado tanto como los X-Men.

A día de hoy este personaje ya tiene varias series animadas, videojuegos y mucho “merchandising”. A finales de los 80 hubo una serie filmada con actores en la que salió (the Trial of the Incredible Hulk) y posteriormente fue interpretado por Ben Affleck en la película Daredevil de 2003. Estas adaptaciones fueron mayormente puestas en tela de juicio, aunque hay mucha gente que disfrutó alguna de las series animadas y yo pienso que la película de 2003 no es tan mala como los memes nos han hecho creer hasta hoy.

Sin duda la mejor etapa y cuando realmente se haría justicia en televisión al personaje, sería en la serie de Netflix Daredevil, que este mes pasado ya recibió su tercera temporada. En esta serie, Charlie Cox interpreta al personaje, recibiendo buenas críticas al respecto. Aprovecho para dar un apunte: después de la segunda temporada es recomendable ver los ocho capítulos de la serie de Netflix The Defenders o nos costará un poco entender la situación en la cual empieza la tercera.

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Charlie Cox interpretando a Matt Murdock en Daredevil, la serie de Netflix.

¿Y de qué va la serie? Pues se centra completamente en la doble vida de Matt Murdock, a pesar de que también intervendrán en al historia otros personajes icónicos como Elektra o The Punisher (El Castigador). Matt Murdock es un respetado abogado ciego. De niño, sufrió un trágico accidente que lo dejó ciego pero que, al mismo tiempo, le permitió agudizar el resto de sus sentidos hasta niveles exagerados. Esto hace que, pese a carecer de visión propiamente, Matt Murdock pueda “ver” de algún modo. Estos poderes fueron exagerados sobre todo por el autor Frank Miller durante los años ochenta, explotándolos en sus cómics más allá de sus inicios, aunque tampoco llegando a niveles demasiado altos como los de Superman. El oído de Matt le permite oír conversaciones muy lejanas, percatarse de casi todo lo que se mueva a su alrededor e incluso identificar los sentimientos de un contertuliano (llegando a identificar si es sincero o no con sus palabras).

No voy a entrar en los detalles del accidente ni tampoco en cómo se crió Matt, pero sí puedo decir que al quedar huérfano siendo aún niño (el primer rasgo en común con Bruce Wayne), fue adiestrado por el maestro ciego de artes marciales apodado “Stick” (palo en inglés). Con su tutela, Matt aprendió a dominar sus sentidos y se convirtió en un luchador formidable. También, asistió a la Escuela de Derecho de Columbia en compañía de su mejor amigo, Franklin “Foggy” Nelson, licenciándose ambos en derecho y asociándose en un mismo bufete.

La serie de Netflix sí nos contará con todo lujo de detalle el pasado de los personajes y cómo han llegado hasta ese punto. Veremos cómo Matt Murdock de día hace justicia ejerciendo de abogado para personas necesitadas, mientras que por la noche ejerce de justiciero aunque tratando de evitar la fuerza letal (vaya, otro rasgo en común con Batman). Obviamente, cada vez le es más difícil mantener su identidad secreta a salvo de ser descubierta por sus dos mejores amigos, Foggy Nelson y Karen Page, con quien comparte un vínculo de amistad muy fuerte y cuya química se ha sabido emular bien en la serie. Además, siempre me parece interesante el nacimiento y la evolución de los personajes de cómic. Lo que vemos en Daredevil es lo que vemos en Batman Begins. Cómo la vida de una persona cambia debido a un único punto de inflexión trágico y cómo esta persona toma ciertas decisiones que lo convierten en un justiciero atormentado con una doble vida que cada vez amenaza más a su auténtico yo.

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¿Y contra quién lucha Daredevil? Pues en los cómics tiene enemigos de la talla de Kingpin o los Enforcers. Pero no perderá la ocasión de proteger a los inocentes de cualquier matón que trate de aprovecharse de ellos en la oscuridad de las calles de Hell’s Kitchen (La Cocina del Infierno), en Nueva York. Esto, de hecho, lo une en ocasiones a Spider-man, con quien tiene una buena amistad. Aunque también ha colaborado con otros personajes e incluso intimado con ellos, como es el caso de Viuda Negra o Elektra. En Marvel siempre se ha explotado mucho tanto el “crossover” como las relaciones íntimas entre personajes emblemáticos de la casa. En la serie, la némesis es Kingpin. Y lo cierto es que su interpretación a manos de Vincent D’Onofrio es de lo mejor de la serie. Realmente en todo momento sientes la misma sensación de impotencia y acorralamiento que los personajes viven en su día a día, ante los complejos y dinámicos planes de Kingpin, quien parece ir siempre dos pasos por delante y tener infinitos hilos de los que tirar para conseguir lo que quiere. Este villano no necesita “superpoderes” para ser una auténtica amenaza para Daredevil.

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Pose de Daredevil al estilo “gargolesco” entre tejados góticos. Lo típico.

Esta serie además no sólo contempla las escaramuzas del protagonista contra “los malos”, con combates y luchas espectaculares y bien dirigidas y coreografiadas. También presenta una trama policial interesante con momentos de mucha tensión. Otros episodios también muestran el día a día de los casos que Matt y Foggy trabajan desde su posición de abogados.

Daredevil es más profunda de lo que parece. Habréis notado que me he negado a utilizar las palabras “superhéroe” o “héroe” al referirme a su protagonista. Y es que Matt Murdock no es un héroe ni tampoco un villano. Es un personaje que durante el día es abogado y por la noche juez, jurado y verdugo. Y del mismo modo que la justicia es ciega, él a pesar de valerse muy bien por sí mismo y de tener sus extraordinarios poderes, a veces no vislumbra la misma línea que se ha jurado no cruzar. En muchas ocasiones, serán sus amigos y compañeros los que tratarán de todas las maneras que Matt nunca cruce esa línea. La línea que lo podría convertir justamente en lo que juró destruir. Esto también es un rasgo que comparte con Batman, pero menos importante porque ambos personajes pasaron por las manos de Frank Miller en períodos similares. En su día a día, el trío de protagonistas se cuestionarán hasta qué nivel se puede confiar o no en el sistema, hasta qué nivel Hell’s Kitchen necesita a Daredevil y hasta qué nivel la gente puede plantar cara a Kingpin. Todos los personajes, protagonistas y antagonistas, se nos presentan con todo lujo de detalle y mimo. Vemos su carácter, conocemos su juventud, apreciamos su evolución y su tridimensionalidad a lo largo de la serie (sobre todo en las temporadas 1 y 3).

Mi recomendación es que miréis la serie de Netflix. Os aviso de que la primera temporada puede tener un ritmo irregular, aunque el desarrollo de Kingpin y de Daredevil lo compensarán con creces. La segunda temporada sí me pareció mucho más floja, aunque la relación entre Daredevil y Elektra suaviza un poco esta curva de desinterés. Pero la tercera temporada vuelve a subir el listón, revelando muchas cosas, observando un Daredevil más derrotado y atormentado que nunca, más al límite de romper sus propias reglas para enfrentarse al mal que asola las calles.

Yo me he merendado la serie en dos noches, aprovechando que en las máquinas del gimnasio al que voy de madrugada hay Netflix. Y ahora tengo hambre de más. Estoy planteándome empezar a ver Arrow. Si alguno de vosotros la ha visto, me puede dejar su opinión al respecto.

Esta ha sido la entrada de hoy. Espero que os haya interesado este breve pero concentrado capítulo de mi vida, junto a las impresiones de la serie que tanto he disfrutado esta semana.

¡Hasta la próxima!