Reengrasando motores

¡Saludos, mis lectores!

Ya tenía ganas de volver a escribir en mi blog. He pasado un par de semanas muy ajetreadas, pero al fin empiezo a ponerme al día.

En primer lugar, deciros que mi padre está bien y en casa. Tras más de 10 días en el hospital, varias pruebas y una cardioversión (ese procedimiento que detienen el corazón y lo vuelven a poner en funcionamiento mediante descarga eléctrica), parece ser que la arritmia ha remitido. Sigue teniendo que cuidarse, pero al menos está en su casa y no tenemos que seguir con las guardias de 4-6 horas de hospital, que dejan a uno molido. Tras el relajo que supone dejar el ambiente hospitalario, aproveché el pasado sábado para dormir lo que el cuerpo me pidió y, poco a poco, ir retomando el ritmo habitual de mis asuntos. Pese a que no los abandoné, sí tuve que reducir la marcha de alguno de ellos. Además, no sólo tuve contratiempos a causa de esto, sino que también tuve algún que otro roce en mi vida social. Pero bueno, nada que no se haya podido arreglar después de descansar un poco y dialogar como es debido.

En primer lugar, sobre mi investigación, estoy terminando de implementar ya el bloque final de mi tesis doctoral. Lo que pasa es que estoy gafado y me resulta imposible centrarme a la vez en un único asunto, puesto que hace un par de días me notificaron la aceptación provisional de un artículo que mandé a un congreso científico que tendrá lugar en Madrid el próximo verano (no quiero dar muchos más detalles todavía, por cuestiones de procedimiento). Así que estoy por un lado revisando las correcciones que me han sugerido los cinco revisores y, a la vez, programando en lenguaje Python lo poco que queda para dejar bien afinado mi simulador de comportamiento térmico en entornos urbanos. Realmente estos dos puntos son los que más estrés me están generando, no os voy a engañar. Pero me he visto en peores situaciones y queda muy poco para llegar a la línea de meta, así que no queda otra que achicar agua y seguir remando.

Sobre aficiones, lo cierto es que he estado jugando activamente a The Elder Scrolls: Legends y a The Elder Scrolls: Skyrim. Al primero por probarlo y al segundo porque el primero me trajo recuerdos del mismo. Sobre Legends, no os voy a engañar. Se trata de un auténtico y descarado clon de Hearthstone, otro videojuego de cartas coleccionables también en modelo free2play. Pero, en mi opinión, Legends es superior en el diseño artístico y la ambientación. Además incorpora dos mecánicas jugables que añaden algo de profundidad táctica a la fórmula original de Hearhtston. En primer lugar que las criaturas que invocas pueden colocarse en dos calles distintas e independientes, pudiendo así forzar al rival a tener conflictos en dos zonas y no un único campo de batalla. Y en segundo lugar, que cada 5 puntos de salud que pierde un rival este roba una carta (y si tiene la palabra clave “Profecía” la resuelve al momento), lo cual da una cierta emoción a la partida.

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Partida de The Elder Scrolls: Legends

También he reanudado mi lectura de Traidor, de Aaron Dembski-Bowden. Me ha costado un poco engancharme, pero lo cierto es que el argumento se pone muy interesante. Revela muchos secretos de la personalidad de dos Primarcas traidores como son Angron y Lorgar. Además, mi novia me regaló por Sant Jordi otro libro de la serie, El Imperio Olvidado, que cierra por ahora la trama de batallas en Ultramar. Cuando termine con Traidor, me queda leer La Marca de Calth y El Imperio Olvidado. Tras eso, seré libre de tirar por otras ramas de la Herejía de Horus. Seguramente leeré Signus Prime, para ver qué pasa desde la perspectiva de Sanguinius y sus Ángeles Sangrientos. No debo preocuparme por material literario durante unos años.

¡Tampoco por miniaturas! Tengo un Forgebane entero por ensamblar, pintar y estrenar (sí, al final cayó la caja de Necrones y Adeptus Mechanicus), ya tengo en mi poder las dos últimas bandas de Shadespire y mañana me llegan sus fundas, además de algunos personajes Necrones que no tengo en mi colección (los tendré ya todos salvo Anrakyr el Viajero, que está temporalmente indispuesto en la tienda online de Games Workshop). Tengo muchas ganas de mejorar el esquema de pintura de mi primer ejército de Warhammer 40,000 y aprovechar para que mis Necrones luzcan bien los colores de la Dinastía Sautekh. ¡Si encima saco alguna mañana o tarde para echar alguna partida, ya ni os cuento la alegría!

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Ejército de Necrones de la Dinastía Sautekh.

En cuanto a programas de radio, sí me vi obligado a congelar mi producción de podcasts. Pero espero, a mucho tardar en mayo, reactivarlos y realizar un sobreesfuerzo para poco a poco recuperar el ritmo perdido. Será lo más difícil de todo, pero sin duda terminaré realizándolo. Eso sí, me mantengo al día escuchando todos los programas que sigo. Me han ido muy bien últimamente, para distraerme. Hoy, vuelvo a recomendar Luces en el Horizonte, programa generalmente sobre cine. ¡Muy recomendable!

En fin, creo que ya os he puesto al día de mis asuntos más relevantes. Espero volver pronto con una reseña de La Leyenda de los Cinco Anillos, un juego de cartas de Fantasy Flight Games que mi novia compró el pasado sábado y que nos ha sorprendido por su profundidad, tanto a nivel jugable como en ambientación. En realidad no es que invente nada nuevo, pues es una mezcolanza de mecánicas sacadas de otros juegos del mismo género y marca. Tiene un sistema de declaración de conflictos idéntico al de Juego de Tronos: el juego de cartas, una gestión de recursos parecida a Star Wars: el juego de cartas y un sistema de pujas heredado sin duda de Warhammer 40,000: Conquest. Pero la amalgama funciona muy bien y la mezcla viene aderezada con una fantástica variedad de facciones y el trasfondo más vivo que he visto hasta la fecha en un juego de cartas. Ya os contaré más sobre el mismo en próximas entradas del blog. Para este mes espero la salida de Gretchinz! de Devir, con el que también espero pasar buenos ratos de desconexión.

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La última adquisición de nuestra colección de videojuegos.

Como siempre, muchas gracias por seguirme. Y también por todos los ánimos que me habéis dado estos últimos días.

¡Hasta la próxima!