Quien iluminó este manuscrito, que me ilumine a mí

¡Saludos, mis lectores!

Con esta cita del doctor Henry Jones (si no habéis visto aún el clásico Indiana Jones y la Última Cruzada, os lo impongo como deberes) arranco la publicación semanal con mis novedades. Yo por mi parte, seguramente la volveré a ver esta noche, ya que me ha venido a la cabeza porque sí. Tanto la misma escena que ilustro como el leitmotiv del Santo Grial que le da el empaque épico al pasaje en cuestión.

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En primer lugar, decir que el viernes tuve un día muy tenso. Ya es habitual la desbordante cantidad de trabajo que llevo a cabo estas últimas semanas, pero viernes pasé mala noche y se me exigió el 110%, como en un juego de Castlevania. Superé la prueba, y sabe Dios que fui recompensado por ello con creces.

El fin de semana empezó por todo lo alto, con una escapada a Setcases, un bonito y tranquilo pueblo de la comarca del Ripollés, en Girona. La intención era revivir momentos de mi infancia, pues mis padres me llevaban de vez en cuando allí para pasar el día cerca de las montañas, con un bello paisaje nevado. Al parecer, la fortuna nos sonrió, puesto que nada más llegar sobre las 12 de la mañana, tras un trayecto de hora y media en coche, entramos en La Farga para tomar algo antes de empezar nuestro paseo, y el amable dueño de la cafetería, el señor Jaume, nos atendió como si nos conociera de toda la vida, nos dijo que habían tenido bastante mal tiempo últimamente y también que aquél era el primer día radiante en mucho. Ciertamente, el sol brillaba sobre las plateadas montañas y sería decir mucho que el pueblo fuera realmente tranquilo, puesto que estaba lleno de familias con sus niños, muchos de ellos corriendo arriba y abajo arrastrando sus trineos. Tras tomar un Cacaolat calentito nos dispusimos a caminar un rato y elegir el mejor sitio para jugar un rato con la nieve. Mi ahijada no cabía en sí de lo contenta que estaba, puesto que jamás la habían llevado a jugar con la nieve. Sólo la había visto en pocas y contadas ocasiones en Girona.

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Tener un paisaje así sólo para ti no tiene precio.

Tras la inevitable guerra de bolas de nieve, subimos un poco a la montaña y nos sentamos a contemplar el pueblo que teníamos ante nosotros. Setcases es muy pequeño, pero también muy auténtico. Su arquitectura no tiene nada que ver con la de los pueblos que tiene a su alrededor. Y su paisaje inspira la falsa pero agradable sensación de que por un rato, estás en un mundo distinto. Lo siguiente que hicimos tras sentarnos, fue buscar leyendas del pueblo. La primera que voy a relatar es sobre el origen del mismo.

“Cuenta la leyenda, que cuando siete hermanos ascendieron a la montaña desde tierras bajas y dejaron a su ganado pastando, el clima empeoró y comenzó a nevar. Los hermanos, alarmados y maravillados por igual ya que no habían presenciado nunca tal fenómeno, acudieron raudos a su padre para contarle el prodigio.

El padre, que era ciego, escuchó a sus hijos hablarle sobre una lana blanca que caía del cielo y se convertía en agua, y que teñía los árboles de blanco. Él les contó que eso era la nieve y que llegaría a cubrir toda la hierba. También les dijo que si se alargaba la nevada, la hierba se congelaría y las ovejas morirían de hambre.

Sabiendo esto, los ganaderos decidiero partir con las ovejas hasta encontrar el saúco en flor, para evitar que sus ovejas murieran de hambre o de frío. Encontraron lo que buscaban, un lugar en que la nieve no enterraba la hierba y donde el saúco lucía su flor. Les pareció un sitio acogedor, así que cada uno de los hijos construyó ahí su cabaña. Por eso el pueblo que creció al alrededor de estas primeras cabañas se conoce con el nombre de Setcases (Siete casas).

La leyenda seguiría con que poco después los hermanos encontrarían una veta de plata en plena montaña. El descubrimiento llegaría a oídos del mítico rey Marsil, el cual viajaría hacia Setcases y extraería gran cantidad de metales y riquezas, con las cuales fundaría la ciudad de Marsella. Pero esa es otra historia…”

La segunda leyenda, es la del Nonell (o “Gos Nonell”, Perro Nonell en castellano) y guarda relación con el fenómeno de la nieve.

“En la mitología catalana, Nonell era un muchacho de gran belleza, con barba poblada y largos cabellos rubios. Su voz enamoraba y era tan atractivo que no se le resistía ninguna chica. Durante su juventud, dio su palabra de compromiso hasta siete veces a diferentes doncellas, pero de todas ellas siempre se olvidó. A causa de eso, las chicas morían de tristeza una tras otra sin que Nonell lo supiera siquiera.

Pero un día, se encontró en el bosque con una joven bellísima de cabellos oscuros, con la piel tan blanca como la nieve, que extrañamente no se enamoró de él a primera vista. Nonell le propuso matrimonio totalmente convencido de que había hallado su amor verdadero. La chica, no obstante, le dijo que si quería casarse con ella, debería ser capaz de ganarla en una carrera de velocidad teniendo en cuenta que ella la haría montada a caballo. Nonell aceptó, confiando en su victoria, pero cuando llevaba un rato sin alcanzarla sobre la nieve blanda caída horas antes, empezó a resoplar de cansancio intentando recobrar el aliento. Entonces la chica con una voz dulce le cantó:

Matarás una, matarás dos,

matarás tres, matarás cuatro,

matarás cinco, matarás seis,

matarás siete, pero la octava no la matarás,

que por ella morirás.

Nonell, al escuchar esto y viendo que finalmente moriría ahogado a causa de la carrera, enloqueció y, en un intento desesperado por sobrevivir y al mismo tiempo no perder, se maldijo a sí mismo. En hacerlo, se transformó en un gran perro para poder correr más y alcanzar a la chica.

No se sabe si finalmente consiguió vencer a la muchacha y tampoco si se volvieron a encontrar, pero desde entonces Nonell sigue maldito. Parece que ha superado con creces la vida normal de cualquier hombre y no se sabe si finalmente morirá de viejo o si, por contra, permanecerá maldito para siempre. Lo que sí es cierto es que siempre viaja por las montañas bajo la forma de un gran perro lanudo del tamaño de un caballo. Su pelaje es gris y largo, y tan blanco y brillante como la misma nieve. Cuando yace sobre la nieve es muy difícil de ver, ya que todo él se confunde. Sólo es posible distinguirle el morro y los ojos, que son de un negro oscuro que contrasta con el entorno blanco. Siempre aparece poco después de la primera nevada que se da en un sitio montañoso, porque en realidad es él mismo quien trae las primeras nieves de un sitio al otro.”

Ambas leyendas son típicamente de aquí. La primera seguramente es una versión poética de la auténtica historia de la conquista de la montaña por parte de los ganaderos. La segunda sin duda será meramente una fantasía más del folclore catalán. Sin embargo, hayo cierto placer en recrearme en las leyendas populares y en la mitología de un sitio cuando viajo al mismo. Conozco bien las de Girona, también las de Compiègne, y me gusta buscar más a medida que visito más lugares.

La visita siguió comiendo en Can Jepet, un restaurante rústico de los mejores en comida catalana de montaña, en mi opinión. Nos atendieron con mucho mimo y salimos satisfechos y dispuestos a volver a Girona tras la desconexión y el placentero viaje. No habíamos llegado ni a Camprodon y ya echábamos de menos las montañas nevadas y la tranquilidad de Setcases, donde sin duda volveremos tarde o temprano.

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Entrecot de Can Jepet.

Al volver a Girona llegó el momento de realizar las tareas domésticas, ya que al día siguiente mi novia doblaba en el hospital donde trabaja, lo cual obviamente acortó nuestro fin de semana pero no por ello la satisfacción y la desconexión de hacer algo sano y distinto para tomar aire en medio de la rutina.

Ayer fue día de dolor de cabeza y poco apetito. Pero me permitió escuchar algunos programas de radio y descansar físicamente, algo que sin duda he notado esta mañana ya que no me ha costado nada levantarme y subir al despacho incluso antes de lo habitual. Estos días tengo por aquí a un nuevo compañero, Eduardo, un experto en matemáticas que tuve el placer de conocer en Compiègne y que una vez al año viene de su Uruguay natal para visitarnos unos días. Siempre son días interesantes ya que ambos hablamos de nuestras investigaciones y también tenemos algunas pequeñas charlas que amenizan la mañana, ya que estos últimos días estaba sólo en el despacho.

Esta será una semana muy completa, ya que tendré que subir al despacho cada día (salvo el jueves, pero ese día tengo que impartir una clase sobre videojuegos a alumnos de máster), debería grabar entre dos y tres podcasts para recuperar el ritmo tras estas dos últimas semanas de estrés y también, puestos a desear, me gustaría terminar de ensamblar e imprimar las últimas miniaturas de Warhammer 40,000 que tengo pendientes: una Troupe y dos Skyweavers de mi ejército de Arlequines. Si además de todo ello, me sobran ratos para seguir cazando trofeos en Castlevania: Lords of Shadow 2 y terminar la historia principal en Assassin’s Creed Origins, ya mejor que mejor.

Sin duda, noto que el invierno va terminando ya que noto mi energía algo distinta. Tengo muchas ganas de hacer cosas, aunque a veces mi estado no las acompañe. Y sigo pensando que, pese a sus duros dos primeros meses, este año va a ser muy grande para mí.

¡Espero que también para vosotros, mis lectores!

¡¡¡Hasta la próxima!!!

 

 

Un comentario en “Quien iluminó este manuscrito, que me ilumine a mí

  1. Muy interesante este pequeño vistazo a tu vida, Helios.
    Me han encantado las leyendas, que no conocía, y está genial que vayas a recargar pilas. Sin duda el día a día pasa factura y entre salidas y hobbys nos recargamos.
    Ya que he descubierto tu blog, te voy siguiendo. Yo tengo un par, uno de armas en los videojuegos y el cine y otro sobre el worldbuilding de una novela que publiqué hace poco.
    ¡Por cierto que el entrecot tiene una pintaza!
    En fin, no te doy mucho más la murga que bastantes comentarios te dejo ya por Twitter y por Ivoox. Pero es que, ya como reconocimiento, haces un muy buen trabajo por amor al hobby. Así que era menester des líneas, como poco.
    ¡Un saludo!

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