Reestableciendo contacto

¡Saludos, mis lectores!

Por fin, tras meses de procrastinar, me decido a invertir unos minutos en revivir este blog y empezar a poneros al corriente de mis andanzas.

En primer lugar, deciros que ya soy doctor. El pasado mes de mayo deposité mi manuscrito, en la fecha prevista y, para mi sorpresa, se presentó la oportunidad de defender mi tesis a primeros de julio sin esperar a setiembre por la pausa vacacional de la universidad. Por supuesto la defensa salió a pedir de boca y he podido cerrar estos cuatro años de investigación con un manuscrito del que estoy orgulloso, con una investigación cuyos capítulos están aceptados por la comunidad científica y publicados en revistas y congresos de primer cuartil, y con un vacío espectacular en mi alma.

El vacío viene dado a que, a pesar de lo estresante y solitario que es llevar a cabo una línea de investigación seria y multidisciplinar, en cierto modo disfrutaba de mi vida como investigador. Así que el hecho de terminar mi tesis y cerrar esta etapa me ha dejado un sabor agridulce. Dulce porque, como ya he comentado, estoy muy satisfecho de mis resultados. Amarga porque la escuela de doctorado optó por no concederme la mención honorífica cum laude. Dulce porque he cerrado este capítulo de mi vida, que tanto tiempo me quitaba, y he recuperado un buen margen de tiempo libre para dedicarme a mis aficiones. Amargo por descubrir que he perdido mucho interés y muchos ánimos al practicar dichas aficiones y no encuentro otras nuevas que me motiven.

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La portada del manuscrito de mi tesis doctoral. Para haberla diseñado yo mismo, creo que quedó elegante.

Lo cierto es que estoy luchando por mantener viva la llama de mis podcasts, aunque sería deshonesto negar que no los estoy viviendo con la ilusión de antes. Logro desbloqueado va camino de cerrar ya su sexta temporada, con casi 120 programas y una audiencia humilde pero muy fiel y mejor apreciada. La Biblioteca de Tizca se acerca paulatinamente a su programa número 80, aunque sin el ritmo y la devoción de antes, ya que yo mismo me he alejado mucho del “hobbie”. Y es que este año apenas he tenido tiempo para leer libros que me apeteciese, pues casi siempre he tenido que leer material relacionado con mi investigación o con mi trabajo. Del mismo modo, no he pintado una miniatura desde setiembre del año pasado. Y lo que es peor, hace más de un año que no juego una partida a nada competitivo (desde la liga de Kill Team que pude disfrutar en la tienda oficial de Warhammer en Girona).

He seguido coleccionando miniaturas y juegos. Durante los últimos meses han ido llegando muchas miniaturas de los Mil Hijos, varios juegos de tablero como Aeronautica Imperialis y las expansiones de Kill Team. Pero a pesar de que he montado todas las miniaturas (se me sigue dando bien y me entretiene ensamblarlas), no he pintado ni estrenado prácticamente nada.

En videojuegos también ando muy desmotivado. He comprado algunos títulos durante el año (Ace Combat 7: Skies Unknown, Assassin’s Creed OdysseyBlack Desert Online, Mortal Kombat 11, Tom Clancy’s Ghost Recon Breakpoint, Tom Clancy’s The Division 2, etc.) pero ninguno ha logrado engancharme lo suficiente. Por lo general paso días sin jugar a nada y otros días jugando a juegos aleatoriamente, por pasar el rato, como quien hace “zapping” en la televisión sin encontrar ningún programa que le invite a quedarse un buen rato.

Como véis, no estoy en mi mejor momento en cuanto a aficiones se refiere… y lo cierto es que llevo muchos meses bastante deprimido por este y otros motivos.

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Yo cada tarde luchando contra mi propia desmotivación.

Pero en contrapartida a todo lo comentado, en el terreno laboral las cosas me han ido muy bien. Tan pronto superé la primera revisión del manuscrito de mi tesis, me dispuse a buscar trabajo. Primero en centros de investigación, de los cuales no obtuve prácticamente respuesta. Mis únicas opciones eran irme a ALTEN (en Francia) o bien buscar por el país vasco francés, donde la física urbana, la computación y la geometría tienen una auténtica salida profesional. Me hallé en la tesitura de tener que elegir entre mi vocación y mi familia, algo que sinceramente no apetece mucho con todo el bajón de quitarse la tesis de encima. Fui práctico y elegí la familia. Busqué trabajo por Girona y al día siguiente de inscribirme a ofertas vía Infojobs, empezaron a lloverme entrevistas. La tercera me convenció mucho, y salí de ella ya con contrato fijo y el sueldo negociado. Así que cancelé las dos o tres entrevistas restantes y al lunes siguiente empecé a trabajar en la empresa en la que ahora laboro.

Ocupo un puesto de ingeniero de software en una empresa dedicada a crear soluciones para el sector eléctrico. Cuentan con un equipo de grandes profesionales (todos ellos muy buenos) y en unas semanas ya me sentí como en casa con ellos. Programan un ERP en lenguaje Python (mi lenguaje de programación favorito y con el que implementé todo el código fuente de mi tesis doctoral), aplicaciones GIS, oficinas virtuales y todo tipo de herramientas auxiliares para que las distribuidoras y comercializadoras eléctricas puedan operar de forma ordenada y centralizada. A mí, en particular, se me ofreció hacerme cargo de uno de los proyectos, una herramienta de previsión de demanda energética. Por medio de algoritmos estadísticos (y próximamente inteligentes), esta herramienta permite calcular la energía que debería comprar una comercializadora en un día futuro con la premisa de satisfacer la demanda de todos sus clientes sin comprar energía de más. Estaréis pensando lo mismo que yo: ¿qué demonios hago yo en esta empresa, tan alejada de mis objetivos y mis conocimientos? Pues lo mismo que cuando empecé la tesis doctoral: abrirme el paso a codazos, aprendiendo todo lo que puedo y dando lo mejor de mi cerebro y de mi voz para prosperar ganándome la vida honradamente.

Lo cierto es que se me recibió con los brazos abiertos, hay muy buen ambiente entre todos los compañeros y, aunque no falta trabajo, estoy acomodándome bastante. Tengo que desplazarme apenas 13 minutos a pie desde mi piso, trabajo en mi entorno favorito (Ubuntu Linux) y me gano un muy buen sueldo. Especialmente con los tiempos que corren, poco más se puede pedir mientras ahorro para pagar la entrada de la inminente hipoteca. Si bien no doy clase como me hubiese gustado, ya que ninguna universidad ni centro tiene los recursos (ni la intención) de contratarme, pues disfruto aprendiendo cada día, investigando por mí mismo nuevas formas de predicción de demanda energética, explorando el sector eléctrico (del que no sabía apenas nada) y echando una mano a mis compañeros siempre que les hace falta. Ni mucho menos me he rendido al sueño de dar clase e investigar, pero por ahora mi trabajo actual es una muy buena opción de crecer en lo profesional y en lo personal mientras observo hacia qué lado se va moviendo este país. Como me decía uno de mis anteriores jefes, los idiomas y la experiencia son una mochila que siempre llevas puesta. Así que siempre estaré a tiempo de irme a otras latitudes si aquí no encuentro lo que busco.

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Mi entorno a dos monitores en Ubuntu Linux.

Y en fin, a todo esto se debe mi desaparición de la escena social. Prácticamente no quedo ni salgo con nadie, paso la mayor parte del día trabajando y el resto tratando de descansar y reconectar con mis viejas aficiones. Quizás cuando me haya vuelto a encontrar a mí mismo, amplíe de nuevo mis círculos sociales y de ocio.

Ya os contaré qué tal me va la cosa.

Hasta la próxima, mis lectores.